¿Por qué España es líder mundial en aceite de oliva?
Hablar de aceite de oliva es hablar inevitablemente de España. El olivar forma parte de nuestro paisaje, nuestra gastronomía y nuestra cultura desde hace siglos, pero el liderazgo español va mucho más allá de la tradición.
España es el principal productor mundial de aceite de oliva y ocupa también una posición dominante en su comercialización internacional. El aceite español llega a más de 150 países y se ha convertido en uno de los grandes embajadores de nuestra gastronomía. El Ministerio de Agricultura señala, además, que España es el primer exportador mundial y que las ventas al exterior representan aproximadamente el 65 % de la comercialización del sector.
Pero ¿qué hace que España tenga una posición tan destacada?
Después de más de siglo y medio ligados al aceite en Fertínez, nosotros no creemos que exista una única respuesta. Hay que sumar millones de olivos, unas condiciones climáticas especialmente favorables, una extraordinaria diversidad de variedades, conocimiento acumulado durante generaciones y una industria cada vez más tecnológica y profesionalizada.
Precisamente esa combinación es la que permite entender por qué ningún análisis del mercado mundial del aceite de oliva puede hacerse sin mirar hacia España.
España produce alrededor de cuatro de cada diez toneladas de aceite de oliva del mundo
Para comprender la importancia de España basta con observar las cifras.
En la campaña 2024/25, el Consejo Oleícola Internacional situó la producción mundial en aproximadamente 3,572 millones de toneladas, de las que España aportó alrededor de 1,419 millones. Es decir, prácticamente el 40 % del total mundial.
La campaña 2025/26 vuelve a demostrar la magnitud del sector. Según los últimos datos disponibles del Ministerio de Agricultura, la producción española quedó finalizada en aproximadamente 1,298 millones de toneladas. La estimación internacional para el conjunto mundial ronda los 3,44 millones, lo que mantiene a España claramente como la gran potencia productora.
Las cifras pueden variar mucho de una campaña a otra. El clima, la disponibilidad de agua, la alternancia natural de producción del olivo y las condiciones de cada temporada influyen considerablemente.
Sin embargo, hay algo que permanece: España continúa ocupando una posición difícil de igualar.
Y producir mucho no sería suficiente para explicarla. Alrededor del olivar español existe toda una estructura agrícola, industrial, tecnológica y comercial especializada que permite gestionar semejante volumen manteniendo al mismo tiempo una enorme diversidad de productos y calidades.
Un paisaje construido alrededor del olivo
Una de las razones del liderazgo español resulta evidente cuando recorremos determinadas zonas del país: la enorme extensión dedicada al cultivo del olivo.
España dispone de aproximadamente 2,75 millones de hectáreas de olivar. El cultivo está presente en 15 de las 17 comunidades autónomas y se concentra especialmente en el centro, sur y este de la península.
Es una dimensión difícil de comprender únicamente mirando estadísticas.
En determinadas zonas, conducir durante kilómetros significa hacerlo acompañado constantemente por hileras de olivos. El cultivo ha modificado el paisaje hasta convertirse en parte de la identidad visual de muchos territorios.
El olivo encuentra además en buena parte de España unas condiciones especialmente adecuadas: inviernos moderados, veranos secos y calurosos, muchas horas de sol y una diversidad de suelos y altitudes que permite cultivar variedades muy diferentes.
Eso no significa que España sea el único país con clima mediterráneo. Italia, Grecia, Portugal, Túnez o Turquía poseen también una importantísima cultura del aceite.
La diferencia aparece cuando a esas condiciones naturales añadimos escala, conocimiento, especialización, tecnología y capacidad comercial.
Ahí empieza a entenderse de verdad el liderazgo español.
Andalucía, el gran corazón del aceite de oliva español
Dentro de España existe una región que merece un protagonismo especial: Andalucía.
El propio Ministerio identifica Andalucía como la mayor región productora y señala que concentra alrededor de 1,67 millones de hectáreas de olivar, con un protagonismo muy especial de Jaén.
Jaén, Córdoba, Granada, Sevilla o Málaga están profundamente vinculadas al cultivo del olivo.
En determinados puntos de Andalucía, mirar hacia el horizonte significa contemplar auténticos mares de olivos. No se trata únicamente de una imagen bonita: detrás de ese paisaje hay generaciones completas de conocimiento, actividad económica, decisiones agronómicas y cultura gastronómica.
Esa concentración ha permitido desarrollar también una enorme cultura profesional alrededor del aceite: agricultores, técnicos, investigadores, especialistas en calidad, fabricantes, envasadores, distribuidores y empresas que llevan décadas —y en muchos casos varias generaciones— perfeccionando su trabajo.
Jaén y una cultura construida alrededor del olivar
Para Fertínez, este punto tiene un significado especialmente cercano.
Jaén es uno de los territorios más estrechamente relacionados con el aceite de oliva. Allí el olivar no es únicamente un cultivo: condiciona el paisaje, las tradiciones, la gastronomía y hasta el ritmo de vida de numerosos municipios.
Nosotros conocemos bien esa relación porque nuestra propia historia está ligada a ella desde 1860. Fertínez representa más de 150 años de dedicación al aceite y seis generaciones de una familia que ha visto cómo el sector cambiaba sin perder su vínculo con la tierra.
Y eso ayuda a comprender algo que las estadísticas no siempre cuentan.
La experiencia transmitida entre generaciones permite desarrollar un conocimiento extraordinariamente profundo sobre el comportamiento del olivo, el estado de la aceituna, el momento de la recolección y la elaboración del aceite.
Pero ese conocimiento no permanece inmóvil.
Cada generación recibe una herencia y, al mismo tiempo, tiene la responsabilidad de mejorarla.
No existe un único aceite de oliva español
Otro de los grandes secretos del liderazgo español es su diversidad varietal.
A veces hablamos de “aceite de oliva” como si todos los aceites fueran iguales. En realidad, la variedad de aceituna, el territorio, el momento de recolección y las decisiones adoptadas durante la elaboración pueden dar lugar a perfiles sensoriales muy diferentes.
La Picual está especialmente vinculada a Jaén y otras zonas andaluzas. Puede producir aceites de gran personalidad, con aromas vegetales y un equilibrio característico entre amargo y picante.
La Arbequina, históricamente relacionada con Cataluña y Aragón, suele proporcionar perfiles más suaves y delicados.
La Hojiblanca tiene una presencia muy importante en Andalucía, especialmente en zonas de Córdoba, Málaga y Sevilla.
La Cornicabra constituye una de las variedades más representativas de Castilla-La Mancha.
A ellas se suman Picudo, Empeltre, Lechín, Verdial, Manzanilla y muchas otras.
Esta diversidad significa que hablar de “aceite español” no equivale a hablar de un único sabor. España puede producir aceites verdes e intensos, otros más delicados, perfiles muy frutados y elaboraciones pensadas para distintas preferencias gastronómicas.
En nuestro caso, Iberis permite explicar muy bien esa personalidad de la variedad Picual. Fertínez lo describe como un aceite de intenso frutado de aceituna verde, con notas herbáceas, pimiento, alcachofa y tomate verde, acompañado por un amargo y un picante armonizados.
Es precisamente esa diversidad la que convierte a España no solo en un gran productor, sino también en un país capaz de ofrecer aceites para consumidores, cocinas y mercados muy diferentes.
Siglos de experiencia que siguen pasando de generación en generación
España no comenzó ayer a producir aceite.
El olivo forma parte de la historia mediterránea desde la Antigüedad y diferentes civilizaciones contribuyeron al desarrollo del cultivo y del comercio del aceite en la Península Ibérica.
Durante siglos se ha ido acumulando conocimiento sobre cultivo, poda, recolección, conservación del fruto, extracción, almacenamiento y selección de diferentes calidades.
Ese conocimiento tradicional constituye una ventaja enorme.
Cuando varias generaciones trabajan alrededor de un mismo cultivo, aprenden a interpretar detalles que desde fuera pueden parecer pequeños: cómo evoluciona el fruto, cómo responde cada parcela, qué puede provocar un cambio meteorológico o cuándo conviene comenzar una recolección.
En Fertínez esa relación entre pasado y presente forma parte de nuestra manera de entender el AOVE. Nuestra historia se remonta a 1860, pero lo importante de una tradición tan larga no es simplemente poder contar años.
Lo importante es qué hemos aprendido durante ellos.
Porque una tradición que no evoluciona termina convirtiéndose únicamente en nostalgia.
Tradición y tecnología: una combinación decisiva
Probablemente uno de los mayores éxitos del sector español haya sido no quedarse únicamente en la tradición.
La elaboración del aceite ha evolucionado enormemente. Las instalaciones modernas permiten controlar cada vez con mayor precisión diferentes etapas del proceso de extracción, trabajar de manera eficiente y preservar mejor las características de la aceituna.
El propio Ministerio de Agricultura atribuye parte del liderazgo español a la existencia de una industria “tecnológicamente avanzada y profesional” capaz de obtener aceites de gran calidad.
En nuestra experiencia, ahí está una de las grandes claves.
El conocimiento heredado permite interpretar el fruto. La tecnología permite controlar mejor lo que hacemos con él.
No son dos formas opuestas de entender el aceite.
Son complementarias.
La tradición aporta criterio. La innovación aporta nuevas herramientas.
Y cuando ambas trabajan juntas, es posible elevar la precisión en la elaboración, el control de calidad, la conservación y la consistencia del producto final.
Ese equilibrio entre innovación y tradición es también uno de los principios con los que Fertínez define su propia trayectoria. Mirar al futuro sin olvidar todo lo aprendido en el pasado.
La importancia de saber cuándo recoger la aceituna
La cantidad de aceite obtenida nunca debería ser el único objetivo.
El momento de recolección puede influir notablemente en el rendimiento, el aroma, el sabor y las características finales del aceite.
Por eso la experiencia continúa teniendo un peso enorme incluso en una industria muy tecnológica.
Antes de decidir hay que observar el grado de maduración, la variedad, el estado sanitario del fruto, las condiciones meteorológicas y el tipo de aceite que se quiere elaborar.
No hay dos campañas exactamente iguales.
Un calendario que funcionó perfectamente un año puede necesitar ajustes al siguiente.
De hecho, el Ministerio señaló que la campaña española 2025/26 se prolongó algo más de lo habitual porque determinadas zonas productoras sufrieron retrasos en la recolección asociados a las condiciones meteorológicas entre diciembre y febrero.
Eso demuestra por qué el conocimiento del terreno continúa siendo esencial.
La tecnología aporta información. La experiencia ayuda a interpretarla.
España también es una potencia exportadora
El liderazgo español no termina cuando el aceite sale de la fábrica.
España es también el primer exportador mundial de aceite de oliva. Según el Ministerio de Agricultura, alrededor del 65 % de la comercialización española corresponde a exportaciones y el producto llega a más de 150 países.
Este dato cambia completamente la dimensión del sector.
España no produce únicamente para su propio consumo. Cuenta con una industria preparada para envasar, comercializar, distribuir y competir internacionalmente.
Europa continúa siendo un mercado fundamental, pero el aceite español tiene presencia en América, Asia y multitud de mercados donde el consumo de aceite de oliva ha ido desarrollándose.
Esto también obliga a evolucionar.
Un consumidor español familiarizado con el AOVE desde niño no necesariamente compra, cocina o interpreta el producto de la misma manera que un consumidor de Estados Unidos, Japón, Brasil o cualquier mercado donde el aceite de oliva ocupa una posición diferente dentro de la dieta cotidiana.
Ser líder mundial implica, por tanto, aprender también a comunicar.
Hay que explicar variedades, usos, conservación, atributos sensoriales y diferencias entre categorías.
España no solo exporta aceite.
También exporta una cultura alrededor del aceite.
Calidad y AOVE: producir mucho no basta
Existe una idea que conviene dejar clara: cantidad y calidad no son conceptos incompatibles.
España puede ser el mayor productor mundial y, al mismo tiempo, elaborar AOVE de enorme calidad.
De hecho, el liderazgo sostenible a largo plazo depende precisamente de que el volumen vaya acompañado de profesionalización, control, conocimiento y diferenciación.
Un Aceite de Oliva Virgen Extra debe responder a unos parámetros concretos y ofrecer características sensoriales adecuadas. A partir de ahí existe todo un universo de variedades, intensidades y perfiles.
Por eso es importante que el consumidor empiece a mirar el aceite de una manera parecida a como observa otros grandes productos gastronómicos.
No basta con preguntar de qué país procede.
También podemos preguntar qué variedad es, dónde se ha producido, en qué momento se recogió el fruto, cuál es su perfil aromático o para qué platos puede funcionar mejor.
Ese cambio de mirada beneficia especialmente a un país como España, porque nuestra enorme diversidad nos permite ofrecer muchísimo más que volumen.
La dieta mediterránea también ha ayudado a conquistar el mundo
España cuenta además con una ventaja cultural extraordinaria.
Aquí sabemos cómo utilizar el aceite.
Forma parte de nuestra manera cotidiana de cocinar: aparece en el desayuno, en ensaladas, verduras, pescados, carnes, guisos, salsas y repostería.
El aceite de oliva no es simplemente un producto que España fabrica y exporta.
Forma parte de nuestra cultura gastronómica.
Esa autenticidad tiene muchísimo valor cuando el consumidor internacional se interesa por la alimentación y el estilo de vida mediterráneos.
El Consejo Oleícola Internacional estima que el consumo mundial de aceite de oliva puede situarse alrededor de los 3,248 millones de toneladas en 2025/26, después del fuerte crecimiento registrado durante la campaña anterior.
La internacionalización del consumo abre una oportunidad enorme para España.
Durante décadas, muchos países productores concentraron también buena parte del consumo. Ahora existen mercados alejados del Mediterráneo donde cada vez más personas quieren entender qué es un buen aceite de oliva, cómo utilizarlo y qué diferencias existen entre unas variedades y otras.
España parte con una enorme ventaja para responder a esas preguntas.
Llevamos siglos cocinando con él.
El olivar mantiene vivo el medio rural
Existe otra dimensión que a menudo pasa desapercibida cuando hablamos del liderazgo español.
Detrás de cada botella existe una enorme cadena de personas, familias y empresas.
El Ministerio estima que más de 350.000 agricultores españoles están vinculados al cultivo del olivar. El sector mantiene, además, unos 15.000 empleos industriales y genera más de 32 millones de jornales por campaña.
En determinadas zonas rurales, el olivar constituye uno de los principales motores económicos.
Por eso hablar de aceite de oliva español también significa hablar de familias, pueblos, agricultores, fábricas, transportistas, técnicos, envasadores y empresas que ayudan a mantener la actividad económica de numerosos municipios.
En Jaén lo vemos con especial claridad.
El olivo no ocupa solamente hectáreas.
Ocupa conversaciones, calendarios, decisiones familiares, empleos y generaciones.
Cuando comienza una nueva campaña, cambia el ritmo de todo un territorio.
Por eso reducir el liderazgo español a una estadística de toneladas sería quedarse únicamente en la superficie.
Hay una dimensión humana que también explica por qué se ha acumulado tanto conocimiento.
Innovación, profesionalización y capacidad de adaptación
El sector del aceite de oliva español ha tenido que aprender a adaptarse continuamente.
Cambian las campañas. Cambia el clima. Cambian los costes. Cambian los mercados internacionales. Cambia la tecnología. Y cambian también los consumidores.
Hoy se exige más información sobre el producto, mayor control de los procesos, formatos diferentes y una comunicación mucho más clara de la calidad.
La respuesta española ha sido avanzar hacia una industria cada vez más profesionalizada.
Eso incluye mejoras en mecanización, sistemas de análisis, gestión de la producción, eficiencia, almacenamiento y control.
Para quienes llevamos generaciones trabajando con aceite, esta evolución tiene algo especialmente interesante: podemos comparar formas de trabajar pertenecientes a épocas completamente distintas.
Y la conclusión es sencilla.
El conocimiento antiguo continúa siendo valioso, pero las herramientas actuales permiten aplicarlo con una precisión que nuestros antepasados difícilmente habrían imaginado.
Ese es uno de los motivos por los que tradición e innovación no deberían presentarse como fuerzas contrarias.
La verdadera fortaleza aparece cuando trabajan juntas.
Qué significa el liderazgo español para el consumidor
Desde el punto de vista de quien compra una botella de aceite, todo este liderazgo puede parecer algo lejano.
Sin embargo, tiene consecuencias muy concretas.
La primera es la diversidad. España puede ofrecer aceites elaborados con distintas variedades y procedentes de territorios muy diferentes.
La segunda es el conocimiento especializado. Detrás de muchos productos existe una cadena de profesionales que lleva generaciones trabajando alrededor del olivo.
La tercera es la capacidad de innovación. La dimensión de la industria española facilita el desarrollo tecnológico, el control y la investigación.
Y la cuarta es la cultura gastronómica.
Un producto alcanza otra dimensión cuando el país que lo produce también sabe utilizarlo, explicarlo y disfrutarlo.
En España el aceite no vive únicamente dentro de una botella.
Vive en nuestra cocina.
Fertínez: más de 150 años dentro de esta historia
Cuando hablamos de por qué España es líder mundial en aceite de oliva, en Fertínez no observamos la historia desde fuera.
Formamos parte de ella.
La marca sitúa sus orígenes en 1860, y nuestra relación con el aceite se ha transmitido durante seis generaciones.
Eso significa haber visto cambiar la agricultura, las instalaciones, la tecnología, los formatos, los mercados y los hábitos de consumo.
Pero existen principios que permanecen.
El respeto por el producto.
La importancia de conocer el fruto.
La voluntad de hacer las cosas con criterio.
Y la necesidad de encontrar un equilibrio entre lo que hemos aprendido durante generaciones y todo aquello que podemos mejorar.
Iberis representa especialmente bien esa filosofía. Es nuestra interpretación premium de la variedad Picual y una forma de conectar la tradición jiennense con una elaboración contemporánea orientada a expresar la personalidad de esta aceituna. Fertínez la presenta como una producción limitada vinculada directamente con la historia de Ibros y del territorio.
Para nosotros, ese es precisamente uno de los grandes valores del aceite español.
España produce muchísimo aceite, sí.
Pero dentro de ese enorme volumen existen historias, variedades, territorios y maneras de trabajar extraordinariamente diferentes.
¿Qué país produce más aceite de oliva en el mundo?
España.
Su posición puede variar porcentualmente entre unas campañas y otras, pero continúa siendo con claridad la principal potencia mundial del sector.
En 2024/25 produjo alrededor de 1,419 millones de toneladas frente a una producción mundial aproximada de 3,572 millones. Para 2025/26, el Ministerio sitúa la producción española en torno a 1,298 millones de toneladas.
¿Por qué España produce tanto aceite de oliva?
No existe una única razón.
La gran extensión del olivar, las condiciones climáticas, la especialización de regiones como Andalucía, la diversidad varietal, siglos de conocimiento, el desarrollo tecnológico y la existencia de una potente estructura industrial y comercial se refuerzan entre sí.
Precisamente por eso resulta difícil reproducir el modelo español fijándose en un único factor.
No basta con plantar olivos.
Hace falta todo el ecosistema construido alrededor de ellos.
¿Cuál es la principal región productora de aceite de oliva de España?
Andalucía ocupa claramente la primera posición.
El Ministerio señala que cuenta con aproximadamente 1,67 millones de hectáreas de olivar y destaca especialmente la concentración existente en Jaén.
Esa dimensión explica por qué el paisaje, la economía y la cultura de muchas localidades andaluzas están profundamente vinculados al aceite.
¿Por qué Jaén es tan importante para el aceite de oliva?
Porque reúne una enorme superficie de olivar, especialización productiva, experiencia acumulada y una identidad cultural profundamente relacionada con este cultivo.
En Jaén hablar de aceite significa hablar también de territorio, familias y generaciones.
Para Fertínez, además, es nuestra propia historia.
Nuestra relación con el aceite se remonta a 1860 y está estrechamente vinculada a Ibros y a la variedad Picual.
¿Cuál es la variedad de aceituna más característica de Jaén?
La Picual es la gran referencia del territorio jiennense.
Se caracteriza por ofrecer aceites con personalidad, aromas vegetales y una presencia característica de amargo y picante cuando el fruto y la elaboración permiten expresar todo su potencial.
Es también la variedad utilizada en Iberis, nuestro AOVE premium.
¿España es también el mayor exportador de aceite de oliva?
Sí.
El Ministerio de Agricultura identifica a España como primer exportador mundial. Aproximadamente el 65 % de la comercialización española se dirige a mercados exteriores y el aceite nacional tiene presencia en más de 150 países.
Esto convierte al aceite de oliva en mucho más que un alimento tradicional español.
Es también uno de nuestros grandes productos internacionales.
Entonces, ¿por qué España es líder mundial en aceite de oliva?
Después de recorrer todos estos factores, la respuesta resulta mucho más clara.
España es líder porque ha conseguido unir territorio, clima, variedades, experiencia, tecnología, industria, cultura gastronómica y capacidad exportadora.
Otros países poseen una extraordinaria tradición vinculada al olivo. Otros disfrutan de condiciones climáticas excelentes. Otros elaboran grandes aceites.
Lo excepcional de España es haber reunido todos esos factores a una escala difícil de encontrar en cualquier otro lugar.
Cuando una botella de aceite español llega a una cocina de Madrid, París, Nueva York o Tokio, detrás de ella existe mucho más que el propio producto.
Existe un paisaje.
Existe una cosecha.
Existe una familia.
Existe conocimiento transmitido durante generaciones.
Existe tecnología.
Y existe una cultura gastronómica que lleva siglos colocando el aceite en el centro de su cocina.
En Fertínez formamos parte de esa tradición española y jiennense desde 1860. Más de 150 años después, seguimos convencidos de que nuestro verdadero patrimonio no consiste simplemente en contar cuánto tiempo llevamos aquí.
Consiste en todo lo que hemos aprendido durante ese tiempo.
Porque el liderazgo de España no se explica únicamente por cuánto aceite producimos.
Se explica por todo lo que hemos aprendido a hacer alrededor del olivo.
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